HOJA DE COCA Y COVID-19 Ranulfo Cavero

Conversando con mi colega el antropólogo Juan José García, me decía que el protocolo de la OMS frente al COVID-19 estaba fracasando; que el protocolo de los médicos clínicos estaba en experimento y tenía algunos resultados, y que existe una tercera alternativa, la medicina andina ancestral. Ya por mi parte y motivado por esta plática, comencé a revisar algunos libros y artículos y llegué a una primera convicción: que la sagrada hoja de coca (masticada o como mate) puede ayudar a enfrentar en distintas dimensiones al COVID-19. No sostenemos que la coca cura la enfermedad, sino que serviría para prevenir y mitigar sus efectos y contribuiría a conservar la salud mental en estos “Tiempos Difíciles”, como titula la novela de Charles Dickens. Estas dimensiones serían:
1. Para la prevención: la hoja de coca sirve para fortalecer el sistema inmunológico (es un producto alimenticio de primer orden, contiene ingentes proteínas, vitaminas y minerales) y tiene antioxidantes.
2. Para atenuar los efectos: al mascar (acullicar, chacchar, “bolear”), durante el tiempo que dura este proceso (puede ser de media hora a dos horas), uno mantiene la boca y la garganta húmedas, hecho que no permitiría (además de las sustancias que contiene) que el virus penetre a la tráquea. Solo o junto con la sal sirve para hacer gárgaras y desinfectar la garganta y la boca. Según las investigaciones realizadas, la coca tiene efectos favorables en el aparato respiratorio: incrementa la respiración; facilita la oxigenación en terrenos carentes de oxígeno (permite soportar fuertes cambios de presión y cambios climáticos); aumenta las expansiones toráxicas, disminuye la exhalación de agua por los pulmones y tonifica los músculos de la caja toráxica. La coca, hace que la sangre tenga mayor alcalinidad.
3. Para conservar la salud mental: otro de los usos terapéuticos de la sagrada hoja de coca es que es antidepresivo de rápida acción; y favorece o motiva la interacción social placentera si se chaccha o acullica en grupo y conversando, como lo hacen y hacían nuestros pobladores andinos. Hay que seguir investigando…